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Saturday 17 November 2018
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Un mendigo en la casa del Rey

Muchas veces el hombre y la mujer que le sirven al Señor se peguntan ¿por qué tanta necesidad? En esta noche te decimos que hay una riqueza que sobrepasa todo entendimiento y esta es la riqueza espiritual.

Lázaro era un simple mendigo que se postraba debajo de la mesa del hombre rico, suplicando unas migajas de pan. Estaba en miseria pero lleno de la presencia de Dios.

 Un mendigo desechado por los hombres con toda escasez, borrado, probablemente, de todos los registros humanos, pero inscrito en el libro de la vida, un mendigo que aceptaba su vida aquí en la tierra, sin quejas, sin murmuraciones.

Lázaro conocía a Dios aunque sus vestiduras exteriores eran harapientas y lo más probable con olor desagradable. Sus vestiduras espirituales eran resplandecientes. En la tierra Lázaro tenía que estar debajo de una mesa pidiendo limosna y al partir de este mundo se sentó en moradas celestiales en el ceno de Abraham donde no hay tribulación, donde no hay hambre, donde no hay dolor, donde no hay enfermedad.

Si tú estás en la más profunda miseria espiritual hoy te decimos: deja de pedir migajas, ven al Señor y él te dará ese pan que sacia al hombre más hambriento y esa agua que salta para vida eterna.